Entre que los días se han alargado mucho y también que aprovecha las tardes para ir un poco a la playa y tomar el sol, Olga arribó casi a las ocho de la tarde, pero aún el sol era fuerte y el ocaso estaba todavía lejos.
Ya se le va notando el moreno en la cara y en los brazos; aproveché para recordarle los peligros de tomar el sol en exceso. Pero vi que no hacía mucho caso de mis advertencias y que ella iba directo a lo suyo. Su primera intervención fue:
—Crisol, muchas veces me has comentado que la economía tiene muy diversas facetas, ¿me podrías hacer algún comentario sobre cuáles son esas diferentes facetas?
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Olga, me dijo que bajaría por la mañana un rato pues se había enterado que no me encontraba muy bien y quería saber si podía ayudarme en algo o ir a comprar lo que me pudiese hacer falta. Le agradecí muchísimo su ofrecimiento y le dije que estaba perfectamente atendida y que no necesitaba nada pero que su compañía me vendría muy bien, aunque fuese para charlar de… economía.
Hoy Olga llegó vestida “de domingo”, venía muy arreglada para como solía estar, pues lo normal era que vistiese con ropa deportiva e informal y sin ningún tipo maquillaje. Incluso me pareció que estaba más pausada, menos energizada de lo que suele estar en su habitual manera de ser y comportarse. Había utilizado los cosméticos con mucha levedad para resaltar algunos aspectos de su cara, aspectos que incluso no necesitaban ningún retoque adicional. Un poco sorprendida le pregunté:
O.S. Marden fue un famoso escritor y periodista del movimiento trascendentalista americano cuyos representantes máximos fueron H.R. Thoreau y R.W. Emerson. Marden fue un tipo curioso, de origen muy humilde llegó a poseer un gran capital. Sus célebres sentencias son ya parte indisoluble de la cultura americana. Una de ellas es: “La economía consiste en saber gastar, el ahorro en saber guardar”. Pensaba en que esta frase era una buena y muy breve lección de Política Económica para muchos políticos y administradores públicos.
Hoy Olga estaba nerviosa, nada más llegar su pregunta fue:
Esa mañana Olga me llamó por teléfono con sus habituales precipitaciones: