Mi marido me dice que no está de acuerdo en la forma tan particular que tengo de enseñar a Olga los rudimentos de la ciencia económica, insiste en que eso estaba muy bien para los peripatéticos, ya saben, los alumnos y seguidores de Aristóteles que se llamaban así por el hábito de Aristóteles de caminar (peripatein) mientras hablaba, o quizás viene del peripatos (paseo cubierto) del Liceo, la zona de jardines que se hallaba a las afueras de Atenas donde él ejercía la docencia. Dice que debería ser un poco más académica y utilizar algunos gráficos e incluso alguna fórmula matemática para dar peso específico a algunos de los razonamientos. Le he mostrado mi desacuerdo en varias ocasiones y es probable que discutamos más sobre este asunto, él es muy recurrente y he de repetirle constantemente que en la economía hay mucho de lógica, mucho de psicología, también de sociología, de ética y… de sentido común aunque a veces no lo parezca; que todo esto se explica muy bien estando las dos cómodamente sentadas en mi cuarto charlando y sin necesidad de pizarra ni de abstrusas fórmulas. Le digo también que la enseñanza peripatética tuvo un éxito enorme y que fueron muchos los seguidores de Aristóteles que alcanzaron fama y prestigio, como Teofrasto de Lesbos, Eudemo de Rodas o Estratón de Lampsaco. Y todo eso caminando.
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