Aunque ella no lo hace habitualmente esta vez sí tuvo esa deferencia, me dejó en el buzón una tarjetita que con bonita caligrafía decía “Hedge Fund” y encerraba las dos palabras con una sencilla rúbrica redondeada. Sonreí, mientras doblaba cuidadosamente la cartulina y me dije que ya tenía tarea hasta que Olga llegase por la tarde.
Hoy a temprana hora le escribí un breve correo al padre Seehofer en el que le sugería que me diese una pequeña explicación sobre cómo conciliaba el hecho de ser un monje católico y un maestro Zen. Posiblemente esta pregunta me hubiese sido difícil planteársela cara a cara pues me parece que esos asuntos son tan íntimos y privados que no está bien hacerlos, pero por correo estoy más desprovista de timidez y me he atrevido a hacerlo.
Creo que él estaba ante su pequeño portátil pues al cabo de unos pocos minutos recibí una de sus misteriosas respuestas; en su correo decía solamente:
El Zen está emparentado con el puro misticismo contemplativo. Quien no haya tenido experiencias místicas queda excluido, haga lo que hiciere. […] Por eso, el Zen, como toda mística, será comprendido por un místico, quien por serlo no sucumbirá a la tentación de obtener en forma subrepticia lo que la experiencia mística le niega. (Eugen Herrigel,”Zen en el arte del tiro con arco”.)
Venía de la Placilla de comprar algunas cosas, y nada más entrar en casa, mi marido asomó la cabeza por encima del periódico y me dijo que se estaba cumpliendo lo que yo había vaticinado en el artículo del 13 de junio,
Por fin el cura Horst dio señales de vida. Ayer me escribió un correo electrónico diciéndome que estaba en la bella
Tengo ya ganas de que se vaya el calor, sueño con un otoño plácido y refrescante que me permita unas deliciosas tardes de paseo por el Puerto y así podré seguir todo ese martirio de obras que nos tienen la ciudad como en estado de sitio, llena de trincheras.
La futura Ley de Economía Sostenible que el Gobierno nos va a “regalar”, se va a fundamentar en dos principios cuanto menos peculiares, la urgencia –muy mala consejera– y la imaginación –muy peligrosa compañera–. Esta Ley, la más importante de la legislatura en este ámbito según las propias palabras del Presidente, tiene que estar lista antes que acabe el año porque no nos podemos quedar sin regalo de Reyes –sin lugar a dudas, carbón– ; de ahí las prisas.
Poco he podido escribir estos días, el azote del calor no me ha dejado paz para sentarme delante de las cuartillas, y emborronarlas como se suele decir. Tengo que transcribir varias conversaciones con el padre Horst Seehofer que son muy interesantes. Por cierto, nos ha dejado, ha tenido que marcharse por razones de su laborío. En alguna anterior ocasión dije que no es un benedictino común, que tiene una dispensa especial, no sé si de su orden o del mismísimo Vaticano y viaja con mucha frecuencia por todo el mundo. Voló hace un par de días a Madrid, creo que pasaba por el espléndido monasterio de
Hacía días que no veía a Olga, la verdad es que estoy muy liada este verano y no tengo mucho tiempo, también ella tiene sus ocupaciones… y la playa; eso hace que nuestros horarios no sean coincidentes. De todas formas no me sorprendió que al borde de las diez de la noche viniese a casa a dar una vuelta y saludarnos. Los ojos se le salían de entre el negror de la cara. Está muy morena, creo que ha tomado el sol exageradamente pero opté por no decirle nada al respecto. Ella sabrá lo que hace.
Le comenté a Horst que me habían parado por la calle unas amigas para decirme que estaban encantadas con esa especie de adivinanzas que son los koan, me dijeron que les producía efectos antagónicos, primero el de una rara relajación, pero que a la vez les generaba una cierta inquietud o desazón.