El día ya era otoñal, unas intensas nubes grises cubrían el cielo y me dispuse a no salir de casa en toda la jornada. Haría varias cosas que tenía pendientes, una de ellas era intentar hablar por el ordenador, con el “Skype”, con el padre Horst, pues hacía varios días que no sabía nada de él. También quería hacer unos gráficos para mostrárselos a Olga cuando viniese por la tarde.
Me fue imposible charlar con Horst pues no aparecía conectado, y las gráficas las encontré antes de lo que esperaba. Así que llamé por teléfono a una amiga para que me contara algún acontecer de El Puerto, pero tampoco fue posible conversar un rato, tenía cosas que hacer y sólo expresó sus fervientes deseos de que las obras acaben pronto. Así que me senté al lado de Héctor para ver si me comentaba qué le había interesado más de la prensa de hoy. Empezamos a hablar respecto a lo difícil que era hacer predicciones económicas a corto plazo mediante esos análisis que se suelen denominar estudios de coyuntura, y claro, a la misma conclusión llegamos en relación con las predicciones a largo plazo, sobre todo cuando se van a producir cambios estructurales. También estuvimos dando un repaso a las grandes depresiones que se produjeron en el siglo XX, coincidimos en que la más brutal y larga fue la de Rusia de 1989 al 1998, aunque sus efectos no fueron demasiado significativos en la mayoría de los países occidentales, después la más famosa, la de EEUU del 29 al 33, seguida de la de Arabia Saudí del 1981 al 1985, y la cuarta en importancia, quizás, fue la que conmocionó Argentina desde 1998 al 2002. Hablando de estas cosas con mi marido pensé que le debía explicar a Olga lo que era una depresión, aunque en realidad con únicamente decirle que es una recesión acompañada de una deflación, y recordarle que se considera una economía en recesión cuando ha habido un crecimiento negativo del PIB en dos trimestres consecutivos. También tratamos el asunto del aumento de los impuestos que es el tema del día.
No hay día que no nos embargue la duda sobre si el Gobierno sabe lo que hace o está improvisando. Cuando ya todos sabemos que se va a producir una subida de impuestos, el Ejecutivo está sopesando en qué parte de nuestro patrimonio va a meter la tijera, y así un día nos dice una cosa y otro nos asusta con más posibilidades. Entretanto, nos tiene en una zozobra permanente.
Nada más llegar, aún sin sentarse, preguntó:
Hablé con el padre Horst esta mañana por el ordenador, echamos un buen rato de charla distendida y alegre. Me dijo que estaba en
Ernst Friedrich Schumacher escribió en 1973 un libro con igual titulo, que recogía muchas de sus críticas a los sistemas económicos de Occidente, preconizaba una apuesta por la tecnología descentralizada y que la codicia sólo nos llevaba a la perdición.
Olga está –dice– estresada y se ha tomado unos días de vacaciones para ese tópico de recargar las pilas. Desde luego viendo su color moreno exultante, y casi insultante, nadie diría que padece ningún tipo de síndrome angustioso; pero, en fin, nadie sabe las interioridades de nadie. En ese terreno no me meto.
Esta tarde me encontré a mi amiga Maruja, iba con uno de sus nietos de una mano y con un bolso playero de la otra. La vi como atosigada o angustiada; algo así. No llevaba su habitual sonrisa, incluso me pareció que su mirada estaba un poco perdida. Le pregunté que le pasaba y contestó: