Esta mañana bastante temprano me telefoneó Olga para decirme que a mediodía bajarían Nena y ella para irnos a tomar un aperitivo y para que pudiésemos finalizar la conversación que habíamos tenido sobre la recaudación y sobre todo para que les desvelara sobre quiénes caía la pesada piedra fiscal.
Le comenté algo de esto a mi marido y estuvimos hablando un buen rato sobre esa cuestión que es realmente grave y que se imbrica con la estructura de la población. Nuestra distribución, a tenor de la fiscalidad y de la población activa, es ‒al menos‒ peligrosa. Coincidimos en el diagnóstico de que ese fraccionamiento en tres partes tan iguales de los 45 millones de habitantes no es bueno para nuestro desarrollo, ni para salir de la crisis y creemos que las razones son bastantes claras.