Me lo temía, hoy Olga venía con un ataque de vehemencia. Cuando entró en mi cuarto me ajusté las gafas en la nariz con cierta pachorra y dispuesta a escuchar sus recriminaciones.
—¡Desde luego me tienes abandonada! ¡Hay que ver! ¡Con lo de Irlanda estoy perdida y totalmente despistada! ¿Me aclararás algo?
La miré con una sonrisa en la comisura de mis labios y mirándola por encima de los cristales, exhalé un poco de aire y le dije:
—Pues sí, con ese asunto estoy enredando ahora. Bueno, creo que medio mundo está atento a este acontecer. He hablado con algunos antiguos colegas y parece que no hay otro tema. La pregunta que se repite es: ¿Y España? ¿Qué pasará con España? ¿Habrá «rescate»?






